(1889-1971)

Inicio del proceso 9-2-2011

Don Carlos Braga nació el 23 de mayo de 1889. Vivió su infancia y la primera adolescencia en Tirano, una ciudad de Lombardía. Segundo hijo de un segundo matrimonio (el hermano mayor también él de nombre Carlos murió siendo bebé), perdió a sus seres queridos cuando aún era niño. Su padre, Domingo Braga, había emigrado a Argentina cuando él tenía apenas dos años y nunca más volvió. Su madre, Magdalena Mazza, murió tras una larga enfermedad cuando Carlitos tenía sólo seis años. Su niñez fue más amarga y dramática de la de San Juan Bosco.

En esta difícil situación Carlitos tuvo la asistencia providencial de las Hijas de María Auxiliadora, que lo acompañaron desde el jardín de infantes a la escuela primaria. Es aquí que encontró aquella a la que más tarde definirá como “su segunda madre”: la Hna. Judit Torelli. Luego fueron los Salesianos de Don Bosco quienes lo recibieron en su Colegio San Rocco de Sondrio. Esta primera experiencia de “amorevolezza” salesiana fue fundamental para Carlos en un momento particularmente difícil para un chico tan probado por la vida. En efecto, durante la permanencia en los Salesianos de Sondrio la Providencia le ofreció la extraordinaria oportunidad de encontrarse con el Sucesor de San Juan Bosco, el Beato Miguel Rua, que abrió al muchacho el camino que un día le daría la posibilidad de ser Salesiano. Le tocó a él, alumno que se distinguía por piedad, inocencia de vida y tacto, ser elegido como pequeño secretario del Rector Mayor en su visita a la casa. Al término de esta inolvidable experiencia don Rúa le dijo: “Nosotros seremos siempre amigos” (27 de junio de 1904). ¿Qué mejor expresión de “amorevolezza” podía esperar el joven Carlos del sucesor de Don Bosco?

Comenzó así su recorrido en la Familia Salesiana. En agosto de 1904 fue enviado al noviciado de la Inspectoría Central (Foglizzo). Carlos consideró siempre providencial este destino, porque le permitió entrar en contacto directo con los orígenes del carisma salesiano de Turín-Valdocco. Sin embargo, el joven Carlos no fue inmediatamente admitido a la primera profesión religiosa, sino que fue enviado para un segundo noviciado en Valsalice, donde le fue concedido continuar con los estudios. Finalmente hizo su primera profesión (30 de julio de 1906), y su primera experiencia como Salesiano (1908-1911) fue en Trino Vercellese, durante la cual hizo la profesión perpetua (1909) y frecuentó los estudios universitarios (1911). Mientras estudiaba teología (1911-1914) se ocupó también del oratorio San Luis (1912) donde el Superior de la Comunidad era el Venerable Vincenzo Cimatti. El 11 de abril de 1914 fue ordenado sacerdote, no sin algunos retrasos.

Casi un año después de la ordenación (mayo 1915) Don Carlos fue enrolado en el ejército italiano, donde sintió los rigores de la guerra; permanecerá en el ejército hasta abril de 1919. Durante el período bélico encontró varios salesianos entre los que estaba el capitán don Renato Ziggiotti, que se convertirá en el V sucesor de Don Bosco. Fue en este momento particular que pensó hacerse misionero. Golpeado por una grave enfermedad, decidió que si María Auxiliadora le obtenía la curación iría en misión.

En noviembre de 1918 le llegó Desde Turín la invitación a participar en la segunda expedición misionera en China, en sustitución de un hermano al que la madre había negado el permiso y que posteriormente había muerto durante la guerra. Recibió el crucifijo misionero (abril de 1919) de manos del Rector Mayor don Pablo Albera en Valdocco, junto a ocho otros Salesianos y ex-soldados como él; luego, con algún retraso adicional, el 23 de agosto dejó Italia. Llegó a China el 29 de septiembre de 1919.

Don Carlos Braga vivió el primer período de su vida misionera junto al Obispo y primer mártir salesiano San Luis Versiglia. Durante el período 1919-1924 fue superior del orfanato “San José” de Ho Sai; desde 1925 a 1929 fue Director del “Don Bosco College” de Shiu Chow. En 1930, fue nombrado inspector, tras el nombramiento del superior de la misión, Don Ignacio Canazei, como Obispo de Shiu Chow, en lugar del difunto monseñor Luis Versiglia.

Por veintidós años (1930-1952), don Braga guió a los “Salesianos chinos” en un difícil recorrido. El 25 de febrero de 1930 estaba en Turín en calidad de delegado al Capítulo general, cuando llegó la noticia del martirio de Monseñor Versiglia y Don Caravario y fue confiada a él la conmemoración solemne que se celebró en la basílica de María Auxiliadora. Como misionero en China se encontró en medio de la guerra civil entre comunistas y republicanos (1927-1937). Debió asistir a la destrucción de tantas obras fatigosamente erigidas por los Salesianos y a la ruina del País durante el conflicto chino-japonés (1937-1945). A pesar de las dificultades para ejercer su mandato en la región septentrional de China, en 1941 abrió cinco nuevas casas. Siguió un momento de relativa tranquilidad (1945-1949), que en realidad fue el preludio tanto de la confiscación de todas las Obras Salesianas en Mainland por parte del gobierno comunista, como de la reclusión de los Salesianos chinos y de los hermanos que no habían conseguido refugiarse en Hong Kong, Macao y Taiwán. Durante todos estos años don Braga tuvo la responsabilidad de hacer lo posible para mantener la presencia salesiana en China, conteniendo por lo que de él dependía las destrucciones y la dispersión de los hermanos causadas por la crisis china; muchos Salesianos fueron efectivamente arrestados e internados en campos de concentración.

Entre 1952 y 1953 fue concedida una pausa a Don Carlos, tras el largo mandato como superior de la China, cuando fue enviado en Filipinas como director de la Escuela Técnica Salesiana Victorias (Negros Occidental), fundada dos años antes. Él consideraba ese período “un año de martirio” tanto por la dificultad de la lengua que no conocía, como por la nueva situación a afrontar. Sin embargo, conviene recordar que precisamente cuando todavía don Braga era inspector de China, se realizaron los acuerdos para la llegada de los Salesianos a Filipinas, a Ossorios de Victorias, invitados por el capellán don James Wilson de Tarlac (Estados Unidos).

En 1955 fue nombrado Delegado del inspector de China, del cual los Salesianos de las Filipinas dependían. Tres años más tarde (1958) se lo nombró visitador de Filipinas, cuando ésta fue separada de la inspectoría china. En 1963 don Braga fue relevado del servicio como superior que había ejercido durante casi treinta años (1930-1963) y asignado como confesor y director espiritual de los Salesianos y los aspirantes a la vida salesiana. Filipinas se presentó a don Braga como un país con escasez de vocaciones y un fuerte interés por el progreso económico. Es por ello que consideró un éxito el aumento de las vocaciones y la creación de escuelas técnicas. Pocos años antes de su muerte, había ya veintiocho salesianos filipinos, entre hermanos y neo-profesos, y eran unos sesenta y seis los aspirantes presentes en el colegio de Pampanga.

Durante los 65 años de su profesión religiosa como Salesiano y 57 años como sacerdote, don Braga fue director durante 14 años, inspector por 23 y visitador por 5. Murió en la mañana del 3 de enero de 1971 en el Colegio Don Bosco de San Fernando, Pampanga.