(1951-2007)

Inicio del proceso 3-3-2012

Nació el 1 de mayo de 1951 en Modica (Siracusa), Italia. Cursó los estudios de primaria y se recibió de albañil. A los 17 años el día 6 de mayo de 1968, se cae de una obra en construcción de 17 metros de altura, es internado de urgencia y su estado es de gravedad. Consecuencia del accidente, queda cuadripléjico, totalmente paralizado. Por dos años recorrió distintos hospitales sin mejoría alguna. Ante esta situación, la mamá toma la decisión de atenderlo de por vida.

En 1970 regresó a su pueblo natal. Al principio le fue grato encontrarse con viejos amigos, luego, entró en los 10 años más oscuros de su vida. Sin salir de la casa, en soledad, sufrimiento y mucha desesperación, vive sin esperanza alguna, blasfema, sufre, no comprende. Su mamá no deja de acompañarlo y rezar por él.

El 24 de marzo de 1978, un viernes santo, un grupo de personas del movimiento carismática, rezara por él. Antonino siente en su interior una profunda transformación, el mismo dice: “Cuando estas personas rezaron con el sacerdote sobre mí invocando al Espíritu Santo, eran las cuatro de la tarde. Yo sentí un gran calor que invadí mi cuerpo, un hormigueo, como una fuerza nueva que entraba en mí y algo de viejo salía de mí. En ese instante acepté la cruz, dije mi Sí al Señor, acepté a Cristo en mi vida, renací a una vida nueva. En aquel momento deseaba la curación física, el Señor obró algo grande en mí: la curación del Espíritu. He renacido a una vida nueva, a un hombre nuevo con un corazón nuevo. Algo que nunca en mi vida había experimentado”.

Desde aquel momento, Antonino, empezó a leer la Biblia, redescubrió las maravillas de la Fe. Ayudó a unos niños, vecinos, a hacer las tareas y aprendió a escribir con la boca. Cada día transcurrió escribiendo sus memorias y comunicándose con personas de muchas partes del mundo. Gracias a una antena, logró captar números telefónicos y se puso en contacto directo con personas enfermas. Su palabra calma y convincente, logró aliviar y reconfortar. Su testimonio era muy fuerte. En Loreto, ante un grupo de jóvenes que lo miraban con lástima expresa: “Si alguno de ustedes está en pecado mortal, está mucho peor que yo”.

Todos los 6 de mayo festejaba el aniversario de la cruz y en 1982 se hace Cooperador Salesiano. Con el tiempo madura una opción más radical, el 31 de agosto del 2004 hace la profesión perpetua con los Voluntarios con Don Bosco.

El 2 de marzo del 2007, a las 8 horas, Antonino le entrega su alma a Dios. Como mortaja lo visten con ropa deportiva, pues solía decir: “En mi último viaje hacia Dios podré correr a su encuentro”.

En esta corrida hacia Dios, Antonino ha involucrado a muchísimos jóvenes, devolviéndoles esperanza y animándolos a recibir la gracia de Dios. Su vida nos recuerda que la renovación de la Iglesia pasa por la renovación de la Fe de los creyentes. Todos los cristianos están llamados a hacer brillar la Palabra de la Verdad que es Jesús. Un obispo al encontrase con él dijo: “Tenía la sensación que estaba habitado por el Espíritu Santo”.