Historia de un proyecto común
La reunión del Equipo de Comunicación Social América (ECOSAM) de las Hijas de María Auxiliadora realizada en 2005 en Ecuador dibujó las líneas de acción para el trienio 2005-2008. Entre las metas a alcanzar se subrayaba, por un lado, "lograr mentalidad de red" y, por otra, enfatizar el "trabajo en equipo". Fue así que en la inspectoría San Francisco de Sales (Buenos Aires) se abocó a la elaboración de un cuadernillo sobre el "Trabajo en equipo con mentalidad de red".
El Equipo de Comunicación inspectorial realizó trabajos de campo y recogió experiencias a través de encuentros. El material se fue puliendo hasta lograr conformar un conjunto de fichas aunadas en un cuadernillo posibles de trabajar en procesos de conformación o afianzamiento de equipos.
La primera edición gráfica del cuadernillo se realizó en octubre del 2007 y se presentó en la reunión de animadores de comunicación inspectorial el 5 de noviembre de ese año. Luego se presentó también al consejo y equipo inspectorial, a las hermanas directoras y a distintos integrantes de equipos y grupos inspectoriales.
En noviembre de 2007 se presentó además a los coordinadores de comunicación de la Conferencia Interinspectorial de América Latina (CICSAL). El trabajo motivó la edición de otros dos títulos, "Pedagogía del ambiente, una mirada desde la comunicación" y "Ciudadanía activa, construida desde la solidaridad", elaborados por las inspectorías San Francisco Javier (Bahía Blanca, Argentina) y San Gabriel Arcángel (Chile), respectivamente.
De la reunión de los tres cuadernillos nació la "Serie Ñanduti",
La colección nació con tres cuadernillos, fue presentada en el Segundo Seminario Continental de Pastoral Juvenil y Comunicación Social realizado en Ecuador, en febrero de 2008 y está proyectada a seguir ampliándose hasta el 2010.
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Serie Ñandutí
En respuesta al plan trienal 2005-2008 del Equipo de Comunicación Social América (ECOSAM) del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, el equipo de Comunicación de la Conferencia Interinspectorial del Cono Sur de América Latina (CICSAL) creó una serie de cuadernillos que marcaran el camino de reflexión y profundización de las inspectorías de Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay.
El nombre escogido para esta colección de cuadernillos fue “Serie Ñanduti”.
“Ñanduti” es una palabra guaraní que tiene diversas acepciones: “tela de araña”, “blanco de araña”, “aureola de araña”, expresiones que describen el encaje tejido con hilos de algodón o seda, formando pequeños cuadrados, rectángulos o círculos, generalmente de 5 a 8 centímetros de lado o diámetro, cuya undimbre es siempre radiada.
Para rellenar los espacios vacíos que quedan entre un redondel y otro, es muy frecuente que se use una undimbre reticulada, sobre la cual se van disponiendo otros motivos ornamentales.
El origen de esta artesanía típicamente paraguaya y femenina se remonta a los tiempos de la colonia española y va pasando de generación en generación, especialmente entre las abuelas, madres e hijas oriundas de Itauguá, que es considerada la capital del nandutí.
Los dibujos o dechados son muy ricos en variedad y belleza y llevan nombres referentes al medio ambiente: flores, frutos, aves, animales, accidentes topográficos, muy comprensible dada la extracción campesina de las tejedoras y la aguda sensibilidad de la mujer hacia su entorno.
Algunos historiadores asocian el ñanduti al encaje español con sus característicos soles que nacieron en los inicios de la Edad Media y que se hacían en base al deshilado de la tela que lo sustentaba, aunque más tarde se fuera independizando de la tela para transformarse en verdadero encaje a la aguja.
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Posiblemente el ñanduti es una evolución del encaje de Tenerife (España) y su trasplante se habría producido a través de las misiones jesuíticas en donde enseñaban a las niñas a tejer, bordar y coser.
Según la Real Academia Española, tejer significa “formar en el telar, la tela con la trama y la urdimbre”, que es precisamente lo que se hace en el bastidor del ñanduti.
Después de la Guerra de la Triple Alianza (1865–1870), quedando la mujer en la mayoría de los hogares como proveedora del sustento, el ñanduti entró en auge y adquirió su verdadero esplendor, hasta llegar a nuestros días.
¿Por qué asociar el ñanduti al hecho de la comunicación? Al equipo de Comunicación de la CICSAL le pareció un símbolo casi plástico de la esencia comunicativa que relaciona la diversidad de personas y estamentos, respetando las características individuales y grupales y evidenciando el valor de la unidad en la pluralidad con sus originales dibujos y vistosos colores.
El ñanduti implica un trabajo de tejer con arte y destreza, con cuidado y delicadeza, con amor inteligente y pasión creativa, disponiendo los hilos para formar un encaje fuerte y hermoso a la vista y el uso de quien lo adquiera.
La comunicación crea lazos de unidad de mentes y corazones, favoreciendo la mentalidad en red, respeta la originalidad individual y hace crecer en el sentido de pertenencia y espíritu de equipo, valoriza ambientes y personas, llama a “hacerse cargo de...”, implica a un dinamismo activo y solidario que obliga a caminar señalando nuevos horizontes de sueños y esperanzas que dan mayor solidez y belleza al convivir diario.
La vida y el quehacer en las comunidades educativas de la CICSAL se plasmará en un singular ñanduti si juntos, laicos e Hijas de María Auxiliadora, empeñan sus “hábiles manos tejedoras.”
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